Jorge Pinedo para arteUna

ARTEUNA ES UN OASIS CARGADO DE FUTURO

 

Son gritos en el cielo

y en la tierra son actos

(Gabriel Celaya)

 

– por Jorge Pinedo

 

Contra lo que predican la melancolía de los almanaques y la coherencia de los cementerios, sólo existe el futuro. Eso que va de lo que todavía no es a lo que se hace, para convertirse en lo que ya fue y emerge, desmembrado, en esa entelequia funcional a la que dicen presente.

Contra lo que predican las jabonosas pompas del fashion, el fetichismo del marketing y los protocolos canónicos, por fuera de ese campo semántico (al modo de lo crudo, lo cocido, lo podrido) el arte ocurre donde no se lo espera. En ese resquicio por asombroso, asombrado, desde 1996 emerge Arteuna haciendo de la diversidad una práctica y de esa práctica, una política.

Acaso sea entre las sístoles y diástoles de tamaña diversidad donde Anahí Cáceres y sus colaboradores siguen logrando una obra mayor a la suma de sus partes: la producida por más de quinientos autores, producciones, textos: Arteuna. Obra imprecisa, de paradojal anonimato en cuanto comprende y excede los propios nombres de los hacedores; oasis en el que abreva el trashumante curioso para relanzarse hacia próximas, otras obras.

Obra en sí misma, torna lo que fue en lo que vendrá. Intersección de recorridos, estilos, medios, soportes, técnicas, pareceres, quiebra la uniforme monotonía a la que condena la rigidez de los géneros, el aislamiento de la discriminación, la necedad del saber sabido.

Anahí no sólo es pionera en hallar en la web el fértil terreno donde sembrar diversidad cultural. Quiebra el prejuicioso mito del individuo aislado que rumia en su cubículo una versión del universo sólo visto a partir del reflejo de un diminuto espejo enclavado en el fondo de su ombligo. Logra un conjunto heteróclito de calificaciones diversificadas, de división del trabajo capaz de volver a catapultar la producción por sobre la mercancía. Construye así un modelo relacional donde el artista, el autor, singulares y plurales, alcanzan más allá de su propósito incial la condición de trabajadores de la polis.

Como una cápsula del tiempo que lejos de sucumbir enterrada para que un azar futurólogo vuelva a sacarla a la luz para regocijo decadente de la nostalgia, Arteuna está, en esta tierra en este instante, dispuesta a todo deseo que procure aproximársele, cargada de futuro.

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