ANAHÍ CÁCERES EN LA CINTA DE MOEBIUS

A propósito de Una Misma Matriz – Una mirada retrospectiva

(obras 1984-2013) – Palais de Place, 2013

– por Jorge Pinedo

En las artes en general y en las Bellas en particular a menudo ocurre como en las nuevas ciencias: nacen viejas pues arrastran los prejuicios, los métodos, las taras y los modos de quienes les dieron origen, de quienes siguen siendo hijas. Son jóvenes, entonces, una vez que maduran. Así sucedió con la alquimia y la química, la astrología y la astronomía, la medicina y el psicoanálisis, el racismo y la etnología, la mitología y la historia, la teología y la filosofía, sin ir más lejos.

Acaso la experimentación constituya el único conjuro capaz de hacer de ese destino, salvedad y de ésta, producción. Inexorable fuente de Juvencia, la exploración en diferentes, simultáneos y sucesivos discursos, materiales y soportes pasa a constituirse en el campo propicio para el florecimientos de aquello que todos anhelan, demasiados proclaman y poquísimos cultivan: un estilo. El mismísimo que brota allí, en el espacio antes monopolizado por el obstáculo y que el arte torna interrogante. En el tanteo de las respuestas posibles surgen los contenidos, la estofa que enriquece, conmociona e instala a la mera forma en la circulación de la polis. Esta misma es la matriz de la que Anahí Cáceres se sirve a fin de interpelar al prójimo desde hace más de cuatro décadas y cuya materialización tuvo lugar en el notable escenario circular del Palais de Glace del 9 de agosto a 8 de septiembre de 2013. Muestra heteróclita curada por la artista y el propio director del Palais, Oscar Smoje, contó con un despliegue de las obras producidas en distintos momentos históricos de manera que su conjunto se erigiera en otra obra complementaria, desplegada en ese espacio difícil donde la profundidad es a la vez tiempo y concepto. Hazaña de disposición de luces y objetos, instalación de instalaciones, cuadro de los cuadros, la mirada de Cáceres se apropió de ese complicado volúmen que es la planta principal del Palacio Nacional de las Artes para generar una atmósfera potente a tal punto de que nadie que la atravesara le pudiera resultar indiferente. Suerte de cinta de Moebius en la que el público se vuelve espectador y al mismo tiempo participante, deja de requerir la instalación –que de todos modos la hay- (poco) convencional para hacer activo lo pasivo. Caricia a la retina y algunos otros sentidos que se agradece, en especial cuando se conservan en la memoria multitud de mamarrachos espásticamente dispuestos y salvajemente iluminados en correlato con la indigencia de su producción que se han visto en distintos momenstos sobre esas mismas y vecinas baldosas. Versión corregida & aumentada del mismo conjunto expuesto entre diciembre de 2012 y marzo de 2013 en el Museo Caraffa MEC de la capital cordobesa –pago de origen de la artista y por ende portador del inaugural privilegio- De la Misma Matriz/ – Una mirada Retrospectiva brindaba (como quien ofrece, también como quien alza la copa) una referencia cardinal capaz de aunar esas telas enormes trazadas con pintura asfáltica sobre lona de camión con la serie de esculturas de naves voladoras hechas de palo, alambre y cartón artesanal, resumidas en sus réplicas bidimensionales colgadas sobre una pared de fondo o cinéticas, proyectadas sobre un panel. Obras autárquicas y sin embargo desplegadas en un continuum carente de todo remilgo y ambage –otro aspecto que se amerita gratitud-, ya sean cajas de objetos, videos, plotters (delicioso es arbolito que se destruye y se restituye en doce escalas) bocetos, libritos o dibujos, muestran a Anahí Cáceres proclamando con orgullo su política, que no es otra que la del trabajo. Trabajo del artista que renuncia a la petulancia espontaneísta de la inspiración y apuesta por el estudio, la preparación, la elaboración, en fin, la labor dedicada. Pero también la faena del trabajador que expone su cuero, transita el barro, desafía al ocre, tuerce el acero, transforma la madera, por fin, hace de la materia, vida.